Page:DonostiarrasXIX-1.djvu/86

De Iturriak
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido validada.
72
DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

tampoco podría habernos criado, siendo como somos tan poca cosa para criados como para cuidados; antes bien, menos es la criatura al ser criada, cuando es nada, que al ser cuidada, cuando ya es algo. Y como fuera del Creador nada puede haber sino lo que Él críe, seguiriase de ahí que el Dios de los deístas habría de carecer, no ya de poder infinito, sino de todo poder, resultando un sér absurdo que, siendo infinito, se viese condenado á eterna soledad é inacción por su incapacidad absoluta de hacer nada fuera de sí.

No así el Dios verdadero. Crió y conserva el Universo material, rigiéndolo con leyes tan sublimes como sencillas, tan naturales como inflexibles, tan sabias como exactas. Y decidme, señores y hermanos míos, quien así provee á lo que es menos, ¿no proveerá á lo que es más? Quien con tal exactitud y sabiduría gobierna lo que no puede conocerle ni amarle, ¿desdeñará el gobernar á los que podemos conocerle y amarle? Verdad es que no nos fuerza á obrar bien por tendencia necesaria de nuestra naturaleza, como hace con los seres inferiores; pero esto sólo demuestra que nos hizo libres y nos gobierna como á tales. con leyes que no fuerzan, sino obligan; pero de ningún modo que nos haya arrojado al mundo sin fin, sin norma, sin providencia. Lo que os la necesidad para lo que carece de libertad, es la obligación para los seres libres.

-Pero al fin- sigamos escuchando lo que dictan las pasiones á la razón esclavizada-¿qué gana Dios si cumplimos con nuestras obligaciones y le servimos? Y si no cumplimos con ellas y no le servimos, ¿qué pierde?

¿No echáis de ver ahí, señores, el lenguaje de la esclava, egoísta y bajo? ¿Que qué gana Dios? ¿Que qué pierde Dios? El Sér infinito (lo hemos demostrado refutando el panteísmo) ni puede ganar, ni puede perder. -Pues entomces, replica la pobre esclava, ¿por qué manda?, ¿por qué premia? ¿por qué castiga?- Porque no es egoísta: porque es Dios. Manda porque es próvido, premia porque es bueno, castiga porque es justo. Su infinita bondad le hace odiar el mal, y lo prohibe; y amar el bien necesario, y lo manda. Y puesto que prohibe y manda, quiere ser libremente obedecido del hombre, como lo es fatalmente de la creación entera. Y como odia el mal necesariamente, irreconciliablemente, infinitamente, no puede dejar de castigar al malo, como le es imposible no premiar al bueno.