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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

dejará de darnos cuanto le pidamos, siendo ello justo y conveniente, si no acierta á negarnos su amor paternal? Padre nuestro, que está en los cielos, se llama, como acabáis de verlo, al exhortarnos á orar, y al orar quiere Él que empecemos llamándole Padre nuestro, que estás en los cielos.

Y aquí podría dar por terminada mi tarea, que, confieso, comienza á hacérseme pesada, por el temor de molestaros, abusando de la piadosa bondad con que me escucháis. Pero habrá tal vez entre vosotros quienes duden de la virtud y eficacia de las oraciones, preocupados con los sofismas con que la incredulidad oscurece esta verdad consoladora; y no quisiera que en este coro de plegarias, elevadas á Dios por las cuatrocientas víctimas de la gran desgracia que hoy enluta nuestras almas aún más que las paredes de este santo templo; no quisiera, repito, que en este concurso de oraciones faltasen á nuestros hermanos, sepultados en el mar con el crucero, las de ninguno de los de aquí reunidos.

-Si Dios atendiese, se objeta, á nuestras oraciones dirigidas á Él, en el tiempo en que las hacemos, había de mudar sus decretos eternos.-No, señores, no hay mudanza en Dios, porque Dios no aguarda á escuchar las oraciones cuando se hacen; las ve de toda eternidad libremente dirigidas á Él en el momento en que se le dirigen. Para Él no hay futuro, todo es presente. Así su decreto eterno é inmutable se dictó en virtud de la oración prevista.

-Y las leyes naturales, ¿no son por ventura absolutamente inflexibles? ¿A qué pedirá Dios que las altere?-Sí, es verdad, las leyes de la Naturaleza son inflexibles para la Naturaleza; pero ¿cómo han de serlo para el autor de la Naturaleza y de sus leyes? Al dar á los seres criados fuerzas, ¿se ha agotado por ventura el poder sin límites del Creador? No; lo infinito no se agota. Pues bien, señores: dadme la fuerza de cualquiera de los agentes naturales; digo más, suponed en acción, en un sentido determinado, las fuerzas todas de la Creación, que por ser creadas son forzosamente finitas. A esas fuerzas finitas oponga Dios la suya infinita: ¿qué sucederá? Que la fuerza menor, la fuerza finita, quedará vencida, anulada, y el efecto se realizará en el sentido en que obre la fuerza vencedora.

A más de que no pedimos en nuestras oraciones que Dios anule y mude las leyes del Universo, lo que sería absurdo, ni