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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

es, en circunstancias ordinarias, prudente pedir que en un caso dado suspenda de modo patente al sentido la acción de los agentes naturales, lo cual constituye el milagro; sino que pedimos á Dios, cuando de cosas naturales tratamos con Él en la oración, que se valga providencialmente de las mismas fuerzas que dió á las criaturas, para que suceda lo que pretendemos. ¿Qué hay en esto de imposible? Puede el hombre, débil é ignorante, servirse en mil casos de los agentes naturales para sus fines; ¿y no habrá en Dios bastante poder y sabiduría para servirse de ellos cuando lo crea conveniente? ¿Pudo criar, y no podrá modificar?

-Pero esto sería retocar su obra con menoscabo de su previsión ó de su omnipotencia, pues que no pudo ó no supo prescindir de retoques.-Modificar en un momento dado su acción natural del artefacto, para conseguir con él otra acción diversa, no es retocar el artefacto, es ser señor de él. ¿Sería más poderoso el artífice que en ningún caso pudiera valerse de sus obras, sino para lo que ellas de suyo hiciesen? El Universo, sin necesitar correcciones ni retoques, hace bien lo que debe hacer; pero Dios, valiéndose providencialmente de los agentes de que pobló el universo, hace, por medio de ellos, mejor que el Universo, cuanto rectamente le place. Y esto, no por antojo, que en Dios no cabe, ni por mudanza de parecer, que no tiene aplicación en quien no tiene pareceres, sino visión completa de cuanto hay y puede haber, ni por acudir de pronto á urgencias del momento, sino realizando en el tiempo escogido lo que eternamente quiere que suceda en vista de todas las circunstancias y motivos, inclusas las oraciones de sus criaturas libres.

-He ahí precisamente lo que parece indigno de Dios: moverse por súplicas, ablandarse por lágrimas.-Increible parece que la impiedad no sepa reconocer en Dios ni aun el consolador atributo de la bondad. ¿Le parecería más grande un Dios inflexible, inexorable, sin corazón? Pero un sér así no sería Dios. ¿Cómo serlo quien no fuera infinito? ¿Y cómo ser infinito no teniendo la perfección que encierra la bondad y amor para con las criaturas que sacó de la nada?

Quiero, sin embargo, llamar vuestra atención, hermanos míos, sobre un sentido verdadero del sofisma que constituye el último baluarte del deísmo. Exponiéndolo, completo lo que he creído deber deciros acerca de la oración, á la vez que des-