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De Iturriak
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DONOSTIARRAS DEL SIGLO XIX

Si este discurso que acabamos de reproducir es notabilísimo, como lo habrá podido observar el lector, no le va en zaga, aunque sobre un asunto muy distinto, el que pronunció el 28 de Agosto de 1896 en el Congreso Eucarístico de Lugo, en presencia, entre otras eminentísimas jerarquías eclesiásticas, del Cardenal Casañas, una de las más salientes figuras de la Iglesia en España y Obispo de Urgel.

Tan notable, que uno de sus biógrafos dice al hablar de él que fué «maravilloso discurso que asombró a aquella Asamblea, donde habia tantas eminencias». El dia 5 de Julio de 1896, e invitado por la Excma. Diputación de Guipuzcoa, predicó en la parroquia de Mondragón, en la Misa solemne que allí se celebró con motivo de la inauguración de los Concursos de Agricultura y Ganadería patrocinados por la Excma. Diputación de Guipúzcoa, un sermón, con tal conocimiento de la materia que trataba, que pocas veces con mayor motivo puede aplicársele a un hombre, el calificativo de hombre eminente por su saber, de hombre sabio.

Duró aquella oración más de lo que por lo general duraban las conferencias y sermones del insigne donostiarra. Pues bien; la multitud inmensa que llenaba las espaciosas naves de la célebre iglesia se mantuvo durante el tiempo que duró la disertación en tal compostura y silericio, que al final solamente una pena embargó el ánimo de aquellos católicos oyentes. La de que ya no podían escuchar durante más tiempo la palabra admirablemente persuasiva del célebre jesuita. Lo mismo sucedió cuando predicó el 4 de Diciembre de 1889, en la función dedicada a Santa Bárbara por los artilleros de Madrid. Y el mismo fenómeno se repetía siempre que hablaba el P. Vinuesa, aun ante el auditorio más heterogéneo.