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De Iturriak
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JOSÉ VINUESA

Recordamos muy bien las memorables conferencias pronunciadas en la iglesia de Santa María, de la ciudad de San Sebastián. Pocas veces vimos en conferencias ni sermones pronunciados por religiosos, auditorio tan selecto, ni de más opuestas ideas. Tampoco nunca presenciamos y escuchamos de labios cuyas inteligencias se hallaban por desgracia bastante lejos de las enseñanzas católicas, juicios tan ecuánimes como coincidentes en una misma y acertada opinión.

Al salir de la iglesia donde predicaba el P. Vinuesa, la fuerza persuasiva de su argumentación, de su razonamiento, de su lógica, de su profunda sabiduría, arrastraba, como el imán al acero, al auditorio más alejado de la doctrina de la Iglesia.

Entre la continua predicación y el magisterio, fué agotándose aquel organismo sano y robusto. Sin embargo, su vocación de apóstol y propagandista no le permitió hacer vida de residencia, y predicó y trabajó, y luchó por la causa de Cristo y de su Iglesia, siempre que pudo.

Cuando últimamente tuvimos el alto honor de estrechar su mano, ya su energía estaba muy agotada, y reconociéndolo él mismo, declaraba: «Estoy perdido; no valgo para nada.» «Galduba naiz-decía en la lengua que balbuceó en los primeros años de su infancia - ; ez det ezertarako baliyo.»; Y es que el P. Vinuesa presentía ya los últimos días de su vida, y esperaba a la muerte con esa tranquilidad de espíritu que suele ser por lo general patrimonio de las almas puras y comienzo de una gloriosa eternidad.

El día 7 de Marzo de 1904 pronunció el último discurso sobre un tema social, en el Círculo de Obreros Católicos de Santander, y con motivo de una velada en honor del Papa. Allí el P. Vinuesa, a pesar de encontrar