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De Iturriak
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Vicente de Abando. La iglesia está allí, donde la asentaron; pero salvo la casa del gran Sabin y los venerables plátanos de los Jardincillos, todo a su alrededor ha cambiado. Unas edificaciones soberbias aplastaron a los humildes caseríos; por la angosta estrada de los 8888 corren los tranvías eléctricos y se levantan pujantes dos Bancos; enfrente, una modista muestra sus floridos balcones a la moda de París; a la ría la han oprimido, enderezado, y en aquella Misa Mayor de la mencionada iglesia, con las aldeanas que tendían sus paños negros, para sobre ellos ofrendar las olanas, hoy aguardan la salida de sus feligresas una docena de autos...

Hemos pasado...¿Te pesa, amigo Etxabe?

A mí, no. Hemos vivido ese tu magistral Bilbao de los comienzos de la Coral, sin duda alguna el más interesante, en que la villa de las narrias trajo, con su colosal esfuerzo, este gran puerto del Mundo, de este Mundo en que la burguesía se derrumba, como antes se derrumbó la nobleza, y pienso, muchas veces, en