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De Iturriak
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en Bilbao esa música de trompetazos, ruda, sin inspiración, matemática y como para explicada con números en un tablero. Más a pesar de estos prejuicios de la opinión, cuando cantaba la Coral el Coro de Peregrinos de Tunnhaüser, hacia repetir el público; y cuando Mancinelli dio a conocer algunos fragmentos de Parsifal, en unos conciertos celebrados en el Teatro-Circo de la Gran Vía, el público aplaudió también. Y, finalmente, el estreno de Lohengrin, fué el éxito «verdad», de arte y pesetas, en la temporada de ópera a que nos referimos. La intuición musical, tan ponderable y despierta de nuestro pueblo, supo apreciar, desde el primer momento, las bellezas que encierra la hermosa partitura del ilustre músico alemán, y Wagner triunfó en Bilbao e impuso, con ello, su innovación provechosísima en el gusto del público, bastante fatigado ya de las romanas, rondas, cavalinas y dúos a la italiana, y de los sonoros artificios meyerbeerianos. Tanto, que los estrenos de Mefistófele
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