Page:El Bilbao del Maestro Valle.djvu/94

De Iturriak
Saltar a: navegación, buscar
Esta página ha sido transcrita, pero necesita ser validada.


a los individuales arrestos, el perfilar la nariz por entre las dos hileras de faroles, amarillos de luz débil y casi agonizante, de la perspectiva de la Gran Vía; haciendo del paraguas escudo de avance y contención, ante el azote de la lluvia y el viento; salvando charcos y zanjas, como en una carrera de obstáculos y exponiéndose, de continuo, a un peligroso resbalón en la bustina del piso, o a romperse la crisma contra la valla o el cerrado de una obra. Además en los terrenos adyacentes a esta magnífica calle de nuestros días, y tan en sus comienzos a la sazón, y en el fondo de la misma, la fronda espesa de los Jardines de Zumelzu, la de los árboles de la campa de San Vicente y los de Estraunza, imponían en los espíritus medrosos y visionarios, con sus murmullos y sus negras y misteriosas sombras, la sensación de una soledad amplia, y, sino pavorosa, cuando menos nada tranquilizadora. ¡Vaya!, como que se hablaba hasta de apariciones,

por allí, de fantasmas y duendes y de
82