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Resurgimiento

de las

Obras de Arriaga

I

Terminaba ya el verano de 1884...

El género de música que por entonces tenía predominio en Bilbao hallábase ciertamente muy distanciado de aquel que cultivaron los clásicos...

En aquella época de las fantasías y de las variaciones acrobáticas, arte inferior que á pesar de todo, contaba, con muchísimos adoradores; cuando el gusto artístico se hallaba estragado completamente, dos entusiastas y consecuentes virtuosos, profesores distinguidos, amantes del verdadero arte, tuvieron el valor, porque heroico se precisaba para arrostrar las consecuencias económicas de la empresa, de presentar un género musical que hasta entonces, salvando tímidos intentos, tan sólo era privativo de unos pocos aficionados y unos contados profesionales de gusto refinado. Con un fin exento de toda idea de lucro, por iniciativa propia, esos dos jóvenes profesores, decidieron formar la Sociedad de Cuartetos de Bilbao, por medio de la cual proponían dar á conocer composiciones de la más alta distinción.

Contrataron al efecto el personal artístico que consideraron más conveniente, y vencidas todas las dificultades morales y materiales que se les presentaron, ocupáronse desde luego en trazar las líneas generase de sus propósitos.

Pero ¿quienes eran esos dos bilbaínos, artistas conspícuos que acometían tan arriesgada y artística empresa? He aquí sus nombres venerados por todos los que se interesan en el progreso musical y que ostentando letras de oro deben figurar en lugar preeminente en el libro de los fastos artístico-musicales de Bilbao:

LOPE ALAÑA. MIGUEL DE UNCETA

El primero notabilísimo violinista y el segundo muy brillante pianista.

Eran contrarísimas las personas que á ambos distinguidos profesores, animaran á realizar aquellos proyectos artísticos, y entre ellas, una de las primeras en interesarse por la marcha que llevaban las gestiones, fié don Emiliano de Arriaga quien con frases de aliento y entusiasmo, excitaba á su amigo Alaña á llegar animoso y sin desmayo á la completa consecución de los laudables propósitos.

Formaron los mencionados profesores el plan de programas atendiendo cuidadosamente á la selección de obras que fueran de más fácil comprensión para el público...

Pero antes de proseguir en estos apuntes y como antecedentes con ellos relacionados, nos parece oportuno recordar que pocos años habían transcurrido desde que el entusiasta aficionado al divino arte, don Emiliano de Arriaga, hubo leído en la magnífica obra Biographie universelle des musiciens et Bibliographie générale de la musique escrita por el ilustre y severo F. J. Fétis, un artículo biográfico acerca de Juan Crisóstomo de Arriaga, de quien hasta entonces, en la familia del mismo apellido, tenías e tan sólo vaga noticia; sabias e que el tío Juanito era un muchacho prodigioso, que tocaba muy bien el violín y componía música; que en el teatro de Bilbao habías e puesto en escena una ópera compuesta por él, cuando tenía trece ó catorce años de edad; que en la noche del estreno se hallaba durante la representación escondido en el fondo de un proscenio ó pal-