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De Iturriak
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co, poseído de intenso miedo y rubor, hasta que estallando en la sala atronadora salva de aplausos, le hicieron salir de su oscuro escondite...; y por último que todavía joven falleciera en París...; Esto era en resúmen lo que por tradición de familia se conservaba con respecto al artista, aunque como hemos visto, de una manera esfumada y confusa. La biografía escrita por Fétis, hizo que destacase con mayor precisión y realce la figura del compositor y aclarase algo de su vida y obras, por más que las fechas citadas por el ilustre musicógrafo no fuesen del todo exactas según se comprobó más tarde. En un periódico bilbaíno publicó don Emiliano la traducción castellana de dicha biografía y poco después insertó la "Ilustración Española y Americana" de Madrid un sentido artículo escrito de don Antonio de Trueba basado en la mencionada versión castellana.

Ejerciendo el cargo de Teniente Alcalde de esta villa dicho señor don Wmiliano de Arriaga (1880-81) hizo donación al Ayuntamiento con destino á la Academia de Música á la sazón fundada, de los manuscritos originales de Juan Crisóstomo de Arriaga que fueron hallados dentro de un baúl en el desván de una casa de la calle Jardines. Y al disolverse poco después aquella institución municipal y sabiendo don Emiliano que habían ido á parar las obras musicales Overtura de la ópera Los esclavos felices Sinfonía á grande orquesta y otras composiciones del repetido autor, á un archivo en que corrían los manuscritos peligro de desaparecer por la humedad y goteras que en el mismo eran habituales, reclamó la devolución en razonada instancia, recayendo acuerdo de la Corporación en el sentido de que se accediese á sus peticiones, siendo entonces reintegrado en la posesión de los referidos manuscritos.

Pero ya, hacia 1869 dicho señor Arriaga encontró el violín que perteneció á Juan Crisóstomo de Arriaga, en el desván de la casa en que habitaba don Antolín sanz (hijo de don Fausto, el viejo profesor de Juan Crisóstomo). Con este violín, hermoso Amati del año 1698, obtuvo tales éxitos el compositor bilbaíno que Fétis dice: "cada vez que ejecutaba el joven autor sus propios "Cuartetos" excitaba la admiración de su auditorio."


Terminada esta digresión retrospectiva seguiremos pues el hilo de la interrumpida relación.


Es preciso, es forzoso y absolutamente necesario y por encima de todo, decía con impetuosidad el señor Alaña, ejecutar esos Cuartetos de Arriaga a que hace referencia Fétis. Tal idea patriótica se había posesionado de su voluntad, subyugándole con toda la fuerza de una resolución inquebrantable. Mas el señor Alaña se preguntaba al mismo tiempo... ¿Como eran esos Cuartetos?

... "No es posible imaginar nada más original, ni más elegante, ni más pura y correctamente escrito que esos cuartetos que no se han dado bastante a conocer". Esta era la elogiosa respuesta de Fétis.

Don Lope Alaña tenía noticia de ellos por diferentes conductos, siendo ciertamente el principal el sentido altamente laudatorio del severo Fétis. Además en diferentes ocasiones le había hablado don Emiliano de las obras de su pariente, especialmente de esos cuartetos que Alaña recordaba haber visto en un tomo de dicho género de composición de diversos autores y en el que se encontraba la colección de los de Arriaga. Éste conocimiento lo había adquirido en ciertas reuniones musicales privadas que acostumbraba asistir de muchacho, en las cuales jamás pudo conseguir, bien a su pesar, el que ensayaran siquiera por curiosidad alguno de los del compositor bilbaíno.

Pero al formarse en Bilbao una sociedad de la índole de la que se había ya iniciado ¿se iría a prescindir de un compositor de la talla artística de Arriaga de quien Fétis juzga que "en sus obras palpita el más brillante genio y el arte de escribir llevado al último grado de perfección"?