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De Iturriak
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Dos únicos ejemplares de los cuartetos de Arriaga, existían en Bilbao, uno de ellos lo poseía el profesor de música don Eduardo de Azpeitia ([1]) pariente de don Lope Alaña. Por ese ejemplar pudo éste último repasar algunos pasajes del violín primero pues la dirección estaba en particellas....

Vista la particella, se ratificó Alaña en su opinión de que era preciso ver aquellos Cuartetos.

Y citando inmediatamente Alaña a sus compañeros para la primera lectura, después de haber cambiado impresiones con don Emiliano de Arriaga, indicóle éste último, que tendría especial gusto y satisfacción en que el primer ensayo lo efectuaran en su casa, que estaba situada en la calle del Correo número 32, encima de la Sociedad Bilbaína.

Y allá fueron un domingo del mes de octubre de 1884.

Asistieron a dicha primera lectura, además de don Emiliano de Arriaga, don Eduardo de Achútegui, don Aniceto de Achúcarro, el notable pintor don Juan de Barroeta, y el pianista de la Sociedad de Cuartetos, don Miguel de Unceta. Los ejecutantes eran los siguientes: don Lope Alaña, violín primero. Y, don Cleto Alaña, segundo violín; don Ignacio Martorell, viola y don Eusebio García, violoncello.

Hallábanse ya colocados los atriles y sillas en el centro de un amplísimo salón, y en uno de sus compartimentos, separado de aquel por elegante y magnífica portada egipcia, se acomodaron los señores que constituían el reducido pero selecto auditorio. Delante de su correspondiente atril se sentaron los distinguidos carteristas preparándose para comenzar.

Empezó el ensayo y tanto los ejecutantes como los amateurs que con religiosa atención escuchaban, fueron de sorpresa en sorpresa, todas agradabilísimas. A pesar de que la ejecución había de resentirse forzosamente de que, por lo menos tres de los intérpretes tocaban a primera vista, la hermosura de primer cuarteto, la transparencia y gracia con que se presentan sus encantadoras ideas musicales, la limpieza de la línea melódica, su forma de puro clasicismo, todas sus condiciones en fin, les dejaron cautivados y suspensos. Don Lope Alaña que tuvo el capricho acertado y sensible, de tocar, como lo hizo desde el comienzo de la sesión, con el mismo violín que perteneció al autor de la obra que ejecutaban, estuvo admirable haciendo gala de estilo y corrección irreprochables, así como no tenía límites su entusiasmo casi rayando en locura, al ver claramente que el éxito de esa composición estaba asegurado y con él, el de la Sociedad de Cuartetos que amparada por el nombre del ínclito Arriaga, podía ya presentarse confiadamente en sesiones públicas. Estaba recompensado el patriótico deseo de rendir modesto pero sincero homenaje al gran artista, al genial compositor Juan Crisóstomo de Arriaga.

Tocaron después los cuartetos segundo y tercero y tan en crescendo fue la admiración que
  1. (1) Edición Ph. Pétit, de París (1824). Este ejemplar fue adquirido y lo tiene actualmente en gran estima don Luis de Lezama-Leguizamón, vecino de Bilbao. El otro lo tenía en el año 1886 la familia también de Bilbao Amann-Palme, que a instancias de don Lope Alaña, fue regalado, en 1885, a don Emiliano de Arriaga.